Los escaladores, imprescindibles en la lucha contra las especies exóticas invasoras en Tenerife

Las especies exóticas invasoras tienen tal capacidad de dispersarse y crecer en cualquier acantilado, que luchar contra ellas ha hecho imprescindible contar con personal escalador para alcanzar rincones increíbles y controlarlas, pues aunque muchas tengan en común su belleza, lo cierto es que acaban con casi toda la biodiversidad, consumen luz, agua, nutrientes e incluso tapizan ríos de lava como en Chinyero, si bien algunas no son percibidas como invasoras, como las tuneras y las piteras, y campan aún más a sus anchas.
Así se puso de manifiesto en las Jornadas Técnicas de Flora Invasora organizadas por el Cabildo de Tenerife en La Laguna, donde la jefa del Servicio de Gestión Ambiental de la Institución insular, María Ángeles Llaría, explicó que sin escaladores este trabajo sería imposible. Asimismo subrayó que todas las introducciones tienen al ser humano detrás, sea de manera voluntaria con fines sobretodo ornamentales, o de manera involuntaria en equipajes, alimentos y en el calzado, pues muchas semillas tienen una increíble capacidad para adherirse y sobrevivir hasta encontrar tierra.
Con todo, Canarias es de los territorios insulares menos invadidos con respecto al resto de islas oceánicas del mundo. Cuenta con una decena de especies problemáticas, desde el rabo de gato a la caña, pero ni comparación con Hawai, donde por debajo de los 1.000 metros está totalmente invadida, Nueva Zelanda o la mismísima Galápagos, y ello gracias a dos filtros naturales: la aridez de la franja costera con zonas donde no cae ni gota de mayo a septiembre y donde se encuentran los puertos y aeropuertos salvo el de los Rodeos, de manera que las exóticas no preadaptadas no sobreviven, y en segundo lugar su cercanía a África, de donde llegan especies vacunas que forman una especie de sistema inmunitario que invade zonas perturbadas por volcanes o incendios y mantienen a raya a las invasoras, detalló José María Fernández-Palacios, profesor titular de Ecología de la Universidad de La Laguna.
Ello no implica que no haya que luchar por todos los medios contras las que han conseguido burlar estos dos filtros, entre ellas también la valeriana roja, que ocultó una lengua de lava en Chinyero, el plumacho pampero o la plunchea, que no está incluida en el catálogo de invasoras y vaya si lo es, por eso el Cabildo ya lucha contra ella aunque no haya logrado transmitir aún su riesgo a la población, subrayó Llaría, quien coincidió en que el problema en Canarias es que las que logran implantarse impactan mucho.
“Estamos tan invadidos que estamos centrados en el control y erradicación”, cuando lo idóneo es centrarse en la prevención y restauración de endémicas y autóctonas, pero de momento el control mantiene a la institución secuestrada.
Dada la necesidad de contar con la ciudadanía y su falta de concienciación, que piensa que por plantar un “esquejito” no pasa nada o desconoce que sus fincas abandonadas son bancos de semillas de invasoras, los ponentes coincidieron en señalar la educación ambiental como un factor imprescindible en la compleja lucha contra especies exóticas invasoras. El Cabildo de Tenerife congregó por ello a figuras como el coordinador de la Sociedad Portuguesa para el Estudio de las Aves de Azores, Rui Botelho, pues recuperar aves implica recuperar hábitats, el jefe de Servicio de Estudios Medioambientales de la Confederación Hidrográfica del Segura, Eduardo Lafuente, quien encabeza una lucha casi encarnizada contra los cañaverales, y el gerente de proyectos Galápagos, Juan Lejo, cuyas intervenciones están disponibles aquí.
Al menos en Canarias, la caña común está incluida en el catálogo de exóticas invasoras, señaló Lafuente, quien explicó que los ríos son auténticas autopistas para esta especie que cubre 60 y 70 kilómetros continuados, impide que por zonas se vea el río y forman hasta túneles sobre el agua y tierra, además de precisar millones de euros para luchar, pues crecen 2 y 3 centímetros por días y en pocas semanas varios metros, generan pérdidas millonarias en pérdida de agua y depuración, y generan problemas tanto con respecto a incendios como inundaciones.
Tras múltiples ensayos-error, la manera de controlarlas es desbrozarlas, tapar la zona elegida con polietileno durante de 12 a 18 meses aunque el aspecto no pueda ser más feo porque ello impide que vuelva a crecer, y acto seguido el trabajo se centra en recuperar el bosque nativo, que alberga más de 30 tipos de aves frente a las dos o tres que pueden vivir en cañaverales, baja la temperatura del agua al menos dos grados y con ello los costes de depuración.
NO BAJAR LA GUARDIA CON LAS BATLLAS PERDIDAS
Las invasoras tienen tantas estrategias para implantarse que en Galápagos dan por perdida la batalla contra la mora y la guayaba, que es capaz de producir 100.000 semillas al año y cuenta con demasiados aliados que la adora como vacas, cabras y las propias tortugas gigantes, que se encargan de consumirlas y expandirlas. Como lección aprendida trasladable a Canarias, Lejo apuntó la oportunidad que da la detección temprana y reaccionar rápido, pues no cabe esperar a que se extienda, pues luchar contra una especie implantada es más difícil que luchar contra un mamífero invasor.
Se pegan a la ropa y el calzado para usar la dispersión humana (antropocoria), el aire con la ligereza de sus semillas y sus pelillos para volar mejor (anemocoria), o los propios animales (zoocoria), como los cerdos que se atiborran de moras y al defecar las dispersan por todo el territorio. Hasta los pinzones de Darwin las dispersan.
Galápagos cuenta con control aeroportuario con rayos X y perros adiestrados, también entre islas, listado de productos permitidos, restringidos y prohibidos, listas negras, y no se pueden comprar productos por internet. Aún con todo, no ha podido evitar la introducción de especies, pues hay quien las adquiere a sus partes íntimas o incluso las ingieren para una vez defecadas, plantarlas.
La cuestión, en cualquier caso, está en no bajar la guardia ni con las batallas perdidas, como el rabo de gato en Tenerife, porque en algún momento puede llegar la tecnología que permita controlarlas y dejar de contemplar paisajes con plumeros para que los nutrientes y el agua vuelva a la germinación de endémicas que nunca debieron perder su lugar.
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